Siguiendo los pasos de Alejandro Magno por el Oxus

» Posted by on May 30, 2014 in Blog | 0 comments

Cruzar el Oxus hasta Afganistán, uno de los países más hermosos del mundo, es mucho más fácil hoy de lo que era hace dos  mil años, cuando los ejércitos de Alejandro Magno surcaron el caudaloso río subidos precariamente sobre sus tiendas de cuero convertidas en balsas improvisadas. En 2007, se inauguró un imponente puente de 670 metros de longitud, un nexo vital en la ruta de a Seda del siglo XXI que pretende conectar Asia central, aislada del mar, con el puerto de Karachi, en el océano Índico.

En el mítico río Oxus (conocido en la actualidad como Amu Dariya) separa Tayikistán de Afganistán. La población de ambas riberas comparte los mismos lazos étnicos, pero durante décadas los han dividido los conflictos políticos y la propia barrera del río, que sólo podía cruzarse con un servicio de transbordadores intermitente. El puente ayudará a regenerar una zona remita que sigue sufriendo las consecuencias de treinta años de guerra. Ahora mismo permite que los viajeros intrépidos emprendan un viaje fascinante que es lo último en turismo de aventura.

El estupendo puente nuevo es un elemento extraño en relación con su entorno. En cuanto lo cruzas, saltas al pasado y parece que aterrices en un paisaje bíblico. Es un sorprendente contraste con Tayikistán, donde los campos de agricultura intensiva y los viejos restos de los históricos valles de Hissor y Vakhsh dan testimonio de milenios de civilización. Puede ser que tardes un poco en ver otra cosa que no sea pobreza, pero persevera por la carretera polvorienta hasta Mazar-i-Sharif, la capital cultural del norte de Afganistán, y no tardarás en sentir un profundo respeto por la dignidad y las buenas maneras de este pueblo resistente. Quedarás abrumado por la deslumbrante belleza de la mezquita Azul, un convincente testimonio de la sofisticada civilización de Afganistán en una época en que Occidente estaba atrapado en la Edad de las Tinieblas.